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Ética y deontología: ¿cómo entender la diferencia entre estos dos conceptos clave?

Un empleado se niega a aplicar una directriz de su jerarquía porque choca…

Femme professionnelle étudiant des ouvrages de droit et de philosophie éthique dans une bibliothèque juridique

Un empleado se niega a aplicar una directriz de su jerarquía porque choca con sus convicciones. Su colega, en cambio, se ajusta a ella invocando el reglamento interno. Ambos tienen razón, pero no en el mismo terreno. La ética y la deontología coexisten en la vida profesional, y la confusión entre ambas genera tensiones concretas, desde reuniones de crisis hasta procedimientos disciplinarios.

Obligación deontológica e IA médica: un caso reciente

El sector médico ilustra bien la frontera entre estas dos nociones. Desde el decreto del 27 de julio de 2026, el Código de deontología médica francés integra un nuevo artículo (R.4127-13-1 del Código de la salud pública) dedicado al uso de la inteligencia artificial y herramientas digitales. Este texto impone a los médicos precauciones de seguridad y de confidencialidad de los datos de salud cuando utilizan dispositivos basados en algoritmos.

Concretamente, un médico que recurre a un asistente de IA en consulta debe verificar la fiabilidad de la herramienta, garantizar la confidencialidad de los datos de los pacientes y seguir las recomendaciones de las instancias ordinales. El uso de la IA no lo exime de su responsabilidad profesional. Según la MACSF, esta reforma consagra una obligación de vigilancia y seguimiento de los referentes para cualquier uso de dispositivos médicos algorítmicos.

Aquí tocamos el corazón del asunto: la regla deontológica (el artículo del código) establece un marco vinculante. La reflexión ética, en cambio, comienza cuando el médico se pregunta si debe utilizar esta herramienta, dado que los datos de entrenamiento del algoritmo plantean cuestiones de sesgo. Para entender la diferencia entre ética y deontología, este caso médico es ilustrativo: la deontología dice lo que se debe hacer, la ética cuestiona lo que se debería hacer.

Dos profesionales discutiendo sobre los principios de ética y deontología en una oficina moderna

Ética profesional: valores personales frente a reglas colectivas

La ética proviene del griego êthos, que se refiere a la manera de ser, al carácter. En un contexto profesional, designa la reflexión personal sobre lo que es bueno o malo, justo o injusto. La ética depende del juicio individual, no de un texto impuesto.

En la práctica, un trabajador social enfrentado a una situación de maltrato puede sentir un conflicto entre el secreto profesional (regla deontológica) y su convicción de que debe alertar inmediatamente a las autoridades (posición ética). La misión rápida de la Asamblea Nacional sobre las violencias en el ámbito médico ha formulado recomendaciones para reforzar las obligaciones de reporte, señal de que la frontera entre estos dos registros está en constante movimiento.

Las prácticas éticas varían de un profesional a otro. Dos abogados pueden aplicar las mismas reglas deontológicas mientras tienen posiciones éticas opuestas sobre la defensa de ciertos clientes. Las opiniones varían en este punto según los órdenes profesionales y las culturas empresariales.

Tres criterios para distinguir una cuestión ética de una obligación deontológica

  • La fuente: una obligación deontológica está escrita en un código o reglamento profesional, adoptada por un orden o instancia reconocida. Una cuestión ética nace de una reflexión personal frente a una situación dada.
  • La sanción: infringir una regla deontológica expone a sanciones disciplinarias (advertencia, exclusión). Una elección ética discutible no desencadena un procedimiento formal, pero puede afectar la confianza dentro de un equipo.
  • La evolución: la deontología se modifica por decreto o voto de una instancia, mientras que las convicciones éticas evolucionan con la experiencia, el contexto social y los debates públicos.

Código de deontología en la empresa: cuando la regla no es suficiente

Muchas organizaciones redactan un código de deontología interno. En él se encuentran reglas sobre conflictos de interés, confidencialidad, uso de redes sociales o comunicación con los clientes. Estos documentos sirven como brújula operativa.

El problema surge cuando el código no cubre una nueva situación. Un responsable de comunicación enfrentado a una solicitud de difusión de información engañosa en redes sociales no siempre encontrará respuesta en el reglamento. Es aquí donde la ética toma el relevo como herramienta de decisión.

En el sector publicitario, la ARPP (Autoridad de Regulación Profesional de la Publicidad) ilustra esta articulación desde hace varias décadas. Su función consiste en establecer reglas deontológicas para la profesión, pero los casos límite, especialmente en torno a la publicidad algorítmica y la IA generativa, exigen una reflexión ética que va más allá del marco de las recomendaciones existentes.

Deontología y evaluación de las prácticas profesionales

Durante una evaluación interna, se mide la conformidad con las reglas deontológicas: ¿se respetan los procedimientos, están actualizadas las declaraciones de conflicto de intereses, se cumplen los plazos de tratamiento? La evaluación deontológica se centra en hechos verificables.

La evaluación ética es más delicada. Se centra en la calidad del razonamiento, la consideración de las partes interesadas, la proporcionalidad de las decisiones. No se puede reducir a una lista de verificación. Por eso, algunas profesiones, como los auditores, establecen comités de ética distintos de las instancias disciplinarias.

Mujer en bata blanca analizando un esquema conceptual que relaciona ética y deontología en una sala de seminario

Ética, moral y deontología: no mezclarlo todo

A menudo se escuchan estos tres términos utilizados como sinónimos. No lo son. La moral se refiere a las normas de un grupo social en un momento dado, a los deberes al servicio del bien. La ética es una reflexión sobre los valores que fundamentan las prácticas. La deontología agrupa las reglas que una profesión se otorga o que se le imponen.

  • La moral dice: “hay que ser honesto” (principio general).
  • La deontología dice: “el profesional debe declarar cualquier conflicto de intereses en un plazo de 48 horas” (regla precisa).
  • La ética pregunta: “en esta situación concreta, ¿declarar este conflicto de intereses realmente protege al cliente o sirve de coartada?” (cuestionamiento).

Esta graduación, desde la norma jurídica hasta la regla profesional y luego hasta el valor personal, estructura la toma de decisiones en las profesiones reguladas. Confundir estos tres niveles equivale a aplicar un protocolo donde se debería reflexionar, o a improvisar donde ya existe un marco.

Un profesional que domina esta distinción gana en autonomía. Ante un dilema, primero identifica si se aplica una regla deontológica. Si es así, la sigue, a menos que entre en conflicto con una obligación legal superior. Si ninguna regla cubre la situación, su reflexión ética toma el relevo, apoyada en los principios de su profesión y sus propios valores.

Es esta articulación, concreta y cotidiana, la que marca la diferencia entre un practicante que aplica directrices y un profesional que ejerce su juicio.

Ética y deontología: ¿cómo entender la diferencia entre estos dos conceptos clave?